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Entrevista homenaje:
Pampa Arán y su legado
Profesores entrevistados
Por Ana Manuela Josena Luna e Ignacio de Goycoechea
Les damos la bienvenida a Polifónicxs, una revista sobre discursivi-
dad social donde las voces de estudiantes y docentes entablan un
diálogo constructivo para crear un espacio donde el conocimiento
se comparte, se debate y se enriquece de manera colectiva. Esta
entrevista, que inaugura nuestro dossier dedicado a la teoría bajti-
niana, ha sido realizada con docentes distinguidxs de la Escuela de
Letras de la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Ha sido
pensada como un homenaje a la Dra. Pampa Arán y su invaluable
trayectoria en los estudios sobre la obra de Bajtín en Latinoaméri-
ca. A través de esta entrevista esperamos acercar a lxs estudian-
tes a las diferentes posibilidades de investigación que existen en el
área, mostrando que cualquier tipo de discurso es susceptible de
análisis y puede revelar aspectos fundamentales de las relaciones
sociales que nos habitaron o habitan.
Dra. Susana Gómez: Prof. Titular de la cátedra de Teoría y Metodo-
logía II (Escuela de Letras, FFyH, UNC). Directora del equipo “Proyec-
to Khora: Topologías de la investigación literaria y de sus fronteras”
(CIFFyH, UNC). Responsable cientíca del Fondo Cortázar, Universi-
dad de Poitiers, Francia. Formada en el campo de la sociosemiótica,
es especialista en la obra de Julio Cortázar y las teorías del archivo.
En los últimos años se ha dedicado al campo de la epistemología de
la investigación literaria.
Dra. Candelaria de Olmos: Prof. de las cátedras de Teoría Literaria y
Semiótica (Escuela de Letras, FFyH, UNC). Fue directora de la Escue-
la de Letras de la Universidad Nacional de Córdoba (FFyH, UNC). Ha
realizado investigaciones sobre literatura argentina, cine y archivos
personales, con especial énfasis en el archivo y la obra de Juan Fi-
lloy. Es directora de la Colección Filloy de UNIRío (Editora Univer-
Polifónicxs Revista estudiantil sobre discursividad social, 1 (1), julio-diciembre 2024. Ana Manuela Josena
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La recordamos como una docente apasionada, una investigadora
incansable y una pensadora brillante, cuya inuencia dejó huellas
profundas en los estudios del discurso y en la formación de gene-
raciones de estudiantes y profesores.
Pampa Arán no sólo abrió caminos en el campo de los estudios
críticos del discurso, sino que también supo iluminar los senderos
de quienes tuvieron el privilegio de aprender a su lado. Su com-
promiso con la interdisciplinariedad y su apertura a nuevas teo-
rías marcaron una escuela de pensamiento que sigue inspirando a
la comunidad académica.
Hoy, rendimos homenaje a su legado con gratitud y admiración,
celebrando su vida, su obra y el impacto invaluable que tuvo en
nuestra facultad.
Gracias, profe Pampa, por enseñarnos a mirar el discurso con
profundidad, rigor y, sobre todo, humanidad.
Este número inicial de Polifónicxs y la entrevista
que abre el dossier son un afectuoso homenaje a
la profesora Pampa Arán (1938-2024)
sidad Nacional de Río Cuarto) y autora de La zorra, la cigarra y el
mono. Tres fábulas para leer a Juan Filloy (UNC, 2020) e Irremediable
(Vaca Muerta Ediciones, 2022).
Dr. Claudio Fernando Díaz: Prof. Titular de la cátedra de Sociología
del Discurso (Escuela de Letras, FFyH, UNC). Se ha desempeñado
como director del Centro de Investigaciones María Saleme de Bur-
nichon (CIFFyH, UNC) y director de la Escuela de Letras (FFyH, UNC).
Director desde 2008 del equipo de investigación “Canción popular,
Identidades narrativas y apelaciones emocionales. Articulaciones
entre música y discurso” (CIFFyH, UNC), abocado al estudio de las
músicas populares desde una perspectiva sociodiscursiva. Ha pu-
blicado Libro de viajes y extravíos. Un recorrido por el rock argentino
(1965-1985) (2005) y Variaciones sobre el “ser nacional”. Una aproxi-
mación sociodiscursiva al folklore argentino (2009).
Ariel Gómez Ponce: Dr. en Semiótica (UNC) y Prof. Adjunto en el
Centro de Estudios Avanzados (FCS, UNC). Director del programa
de investigación “Estudios sobre Cultura Pop. Formas locales, di-
seños globales y semióticas de lo popular”, abocado a los estudios
críticos de la cultura popular y masiva, las subjetividades contem-
poráneas y sus expresiones, desde una perspectiva semiótica.
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De la teoría a la práctica:
¿Por qué seguimos estudiando la obra de Bajtín?
La visión de lxs profesores sobre la pertinencia de sus
reexiones en el estudio de los discursos sociales
Dra. Susana Gómez:
Integrarse a una trayectoria intelectual podría ser considerado como un gran llamado
a la intuición. Una que nunca suponga, sino que apoye su mirada en los bordecitos que
apenas puede entrever, para acceder, levantando el cuerpo, al territorio iluminado de un
saber convocante para decidirse a entrar, leer y acompañar. Eso sucede cuando vemos
los materiales que, sin ser exhaustivos ahora, podremos anotar. Me quedo con el recurso
de la cita maestra, a la vez de la cita de la maestra, que puede acomodar los objetos antes
de tomar el envión para correr, detenerse de pronto y mirar alrededor cómo se tejen las
redes compartidas de la teoría y de la literatura.
Aseverar a Bajtín es un desafío que Pampa llevó al plano de su vida, no solo para ense-
ñarlo o comprenderlo para su transmisión amorosa. Los conceptos bajtinianos le llevan
a anotar que nada está cerrado o concluido, que ese “presente inacabado” de la novela
es precisamente aquel que nos establece, junto a los otros, temporal y temporariamente.
Hablar de novela es hablar de largas conversaciones con el tiempo en que vivimos, a través
de esos otros que nos rodean en una siempre grata comunidad de lectores. La novela vive
de la cercanía con otros —sin ella nada sería narrable— también en esa “larga duración” de
lo contemporáneo sumido en las páginas de un libro. Una novela, “un mundo de frontera”,
que abre el interrogante mayor acerca de lo que somos capaces de vivir sin que nada pueda
ser denitiva o absolutamente terminado. Abro cita de Pampa, porque no termina de expli-
car Bajtín, de compartir con sus jóvenes colegas La invención de Morel:
El mundo novelesco es generalmente un mundo de frontera que se expresa tanto
como una temporalidad inacabada (hay siempre un presente inacabado de la enun-
ciación que tiende hacia un futuro sin clausura; intenta inuenciar sobre el presente
del lector que es su contemporáneo), como también por la cercanía que mantiene
con otros géneros extraartísticos (Arán, Marengo y De Olmos, 1998, s/p) [La estilísti-
ca de la novela en M. M. Bajtin, Narvaja Editor].
Los géneros juegan a la rayuela con nosotros: jugar no siempre se trata de cumplir la
reglas, a veces sólo del goce de saltar y de atreverse a señalar cómo los sistemas orde-
nados —el dibujo en el suelo— pretenden aseverar lo que el pensamiento colige como
verdad, borroneando con nuestros pies esas líneas prolijas de la “ley del género”, hechas
para tener un común acuerdo previo sabiendo que el propio proceder creativo hace de
las metáforas una otra cosa no escrita. Me quedo con esta idea, alguna vez conversada
en discusiones de clase. Le contaba del fantástico cortazariano, porque veía que con el
equipo de investigación —precario en recursos, pero inventivo que teníamos el Lucas Be-
rone, el Emiliano Cárdenas y yo— había un cuento fantástico que estaba escabulléndose
y que Cortázar solo “seguía las reglas” de las apropiaciones legitimantes de Sur. Por eso
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fui a Plan de evasión de Bioy Casares, coincidiendo con ella en esta descripción “inactual”,
como diríamos hoy del género, que tiene una vigencia increíble en autores actuales como
Mariana Enríquez, Luciano Lamberti, Samantha Schweblin y una larga lista:
Porque lo conocido y lo desconocido coexisten, el mundo del fantástico parece ilegal,
desconsoladamente absurdo e intranquilizante. Hay siempre un estado de inminen-
cia virtual que desencadena el cambio, la metamorfosis de los individuos, de las co-
sas, del espacio o del tiempo. En ellos puede manifestarse lo humano y no humano,
natural y sobrenatural, vida y muerte simultáneas. Se borran los límites de los estu-
dios temporales, del sueño y de la vigilia y hasta los límites de los sujetos y objetos.
El fantástico toma distancia con respecto a las utopías: no es un mundo situado en
otra parte, ni virtual, ni paralelo; es “este” mundo, que ha cambiado sus propiedades
porque la Ley ha cesado de manera momentánea; proponemos siguiendo el para-
digma de Eco denominarlo “sinóptico” (del gr. syn, con, igual) en relación al mundo de
referencia (Arán, 1999, p. 49) [El fantástico literario. Aportes teóricos, Narvaja Editor].
Recuperemos esta cita para tenerla cerca de los tantos fenómenos culturales y de los cam-
bios epistémicos que estamos presenciando en este siglo, a partir del borde temporal que
fue ese año 1999, tan prolíco en temores de hecatombes y del surgimiento de lo real inima-
ginable que llegó luego con el esa ruptura global brutal del 2001. Hoy hablamos de cuestio-
nes, objetos, nuevas materialidades, que generan la ilusión de una imaginación concretada,
concertada —juego con los sonidos de las palabras, como hacía ella, que señala ese desvío
conceptual con el que explicaba la teoría— en ese continuum temporal olvidado por nosotros:
la época en la cultura es su necesaria y intangible condición de cronotopo.
Quizás por su extrema complejidad conceptual o por la suma de instancias dialó-
gicas que moviliza si la pensamos como una categoría holística, es decir, como una
totalidad signicativa que articula una serie de coordenadas semántico compositi-
vas del microuniverso textual, sí como la posibilidad de una organización diacrónica
de la producción literaria (Arán, s/f, p. 15).
Esta cita proviene de su trabajo en una investigación sobre la literatura postdictadura
que llevó por título “Las cronotopías literarias en la concepción bajtiniana. Su pertinencia
en el planteo de una investigación sobre narrativa argentina contemporánea”, publicado en
el libro colectivo Interpelaciones. Hacia una teoría crítica de las escrituras sobre la dictadura y
la memoria (2010) (CEA, UNC). Obra muy singular por la diversidad genérica que considera-
mos, desde la novela, pasando por el ensayo, hasta el teatro y la poesía. Fue y sigue siendo
un trabajo interminable recuperar la tarea de la memoria en vistas a una distancia genera-
cional que se abre enormemente, no tanto como una brecha de comprensión —¿es posible
hacerse la pregunta por comprender el horror?, nos repetía Pampa, ¿podremos asignarle
ese concepto a un dolor incisivo que permea las conciencias sociales y que lamentablemen-
te se renueva en microfascismos?, le respondería hoy—. Llevar la noción de cronotopo al
“mandato familiar” en un corpus amplio de novelas que colocaban una cámara imposible
en los lugares de los cuales no se pudo haber salido para contarlo. Transida por las expe-
riencias de vida y los exilios de amigos, las desapariciones —una cronotopía que guarda el
recuerdo de quienes activan la memoria hoy— y los silencios obligados en la universidad,
Pampa se interroga en una valiente aseveración proyectiva:
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Y cerramos preguntándonos si cabe conjeturar, por indicios y corrimientos seña-
lados, que esa cronotopía novelesca en proceso vaya abriendo el relato del núcleo
traumático a nuevas versiones en las que la experiencia del pasado también provee
y guarda memoria encriptada, por caminos a explorar, del modelado de nuevas for-
mas identitarias y quizás de otros sujetos históricos y sociales en nuevas cartogra-
fías urbanas menos violentas y ominosas. Desclausurar el tiempo soterrado, pero
vivo, para releerlo, como quería Bajtín, en el espacio nunca homogéneo de nuestra
cultura. Preparar la lengua de la novela que vendrá, permitir que el otro social habla
y sea hablado por la escritura (Arán, s/f., s/p.).
Es imposible no leer hoy la novela contemporánea —que siempre lo es, como dice Bajtín
en Épica y novela, ese libro que compila la teoría más densa y prolíca que es Teoría y estética
de la novelaa la luz de esa cita que cada tanto retomo en mis clases, aunque ya dejamos
atrás el corpus posdictadura, a la que se le antoja volver, aparecer sin preguntar, en esos
corpus más recientes. Las nuevas generaciones retoman de los buscadores académicos otro
texto central que fue un parteaguas —”por n la entendemos, profe”, me dicen— en la expli-
cación de semejante noción. Se trata de un género —generoso, diría ella, y oneroso, diríamos
nosotros, por lo que conlleva leer su polifonía denitoria— moderno, posmoderno, ultramo-
derno, tardomoderno, pero siempre situado en una encrucijada —de caminos, su cronotopo
favorito para estudiar—; a la vez analógico, tan tangible a los sentidos, como “informático”
o cibernético por su capacidad de reunir, volver como un clúster cada detalle, cada palabra
slovo, siempre un lexem de la memoria— y hacer aparecer delante nuestro el de-venir
del relato. Gestos que en sus clases nos permitían acercar la abstracción de la epistemolo-
gía bajtiniana, nunca sistemáticamente redactada, pero siempre actuando en nuestros ser
cognoscente y en esa juventud que abre los ojos al mundo, pero se topa con este señor de
barba que escribe en papelitos sueltos tantas iluminaciones. Poner las fechas en el pizarrón
—”escribime, Suny, por favor, el año de este ensayo”—, contar la anécdota de la esposa de
Bajtín secando el papel que le daban con el pescado en la feria para que Mijaíl pudiera seguir
escribiendo o aquella de los traslados —un migrante Bajtín, por eso escribe tanta diversidad
de ideas— en la Rusia estalinista, con el frío y la estepa delante suyo casi siempre. No lo
narraba para que sufriéramos con él, sino pensando en la empatía como concepto central
en el entendimiento del arte novelesco —nunca el otro para mí, siempre yo para el otro, su
antropología losóca—. La novela es porque hay empatía que trasciende la escritura y me
convoca en su lectura. Eso lleva a una exploración de la teoría, de qué y cómo conocer con
Bajtín. La cátedra dirigida por Pampa se funda con esa empatía, toda una generosidad de su
parte para “salir del turismo intelectual” de las clases de dictado, como les decía con ironía.
Fíjense cómo le da un lugar a nuestro trabajo crítico, apoyada en Julia Kristeva, lectora “insu-
misa” de Bajtín antes que todos nosotros supiéramos que existía, tras la cortina de hierro,
sus pogroms y sus supervivencias:
La novela polifónica moderna que incorpora la tradición menipea no es la novela
realista (la novela de la burguesía del XIX), como no lo había sido la de Rabelais,
Swift o Lautréamont y por ello necesita ser estudiada con un modelo analítico que
responda a otra lógica de engendramiento (que Kristeva insinúa dentro de las mate-
máticas y teoría de conjuntos) y es una de las tareas que debe abordar la semiótica.
Tarea que parecería desbordar el solo universo del discurso literario, pues, en au-
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daz hipótesis de Kristeva, “el dialogismo, más que el binarismo, sería quizás la base
de la estructura intelectual de nuestra época” (p. 225) y, por su magnitud, aspira a
convertirse en una nueva ciencia crítica del texto, como escenario productivo de
todo isomorsmo estético y político, histórico y cultural (Arán, s/f., s/p.).
Si Kristeva asume el dialogismo como la tarea intelectual, su programa de investigación
no podría ser otra cosa que el soporte de la lectura crítica de la novela. Leo esta cita, donde
no habla de Bajtín, y la veo en sus clases, cuando con el estudiantado, Alicia Vaggione y los
equipos que van rotando en la cátedra abrimos a Bajtín y leímos a Pampa. Es indetectable
el gesto transmitido, lo hacemos, lo repetimos, señalamos las nociones y nos dejamos llevar
por una otra teoría literaria posible, en la cual nada queda afuera porque todo es eco —nun-
ca renunciamiento ni silencio— que aprendemos a leer y a evocar.
En su entrada “Arte/artista” del Nuevo diccionario de la teoría de Bajtin, otro libro colecti-
vo de convite y comunidad, dice:
Bajtin propone superar la situación del artista y del hombre escindidos mediante el
planteo del sujeto como “unidad responsable”, es decir, el sujeto que a cada acto de
la vida lo inviste del carácter único e irrepetible de acontecimiento en el ser del arte,
sin pérdida del contexto único y real en el que vive ese sujeto: “ Yo debo responder
con mi vida por aquello que he vivido y comprendido en el arte, para que todo lo
vivido y comprendido no permanezca sin acción en la vida” (1982: 11). (2006, p. 23)
Hablamos de “Arte y responsabilidad” en Estética de la creación verbal. Está citando este
texto tan emblemático de Bajtín, que nos guía tanto en la vicisitud de la investigación
como de la enseñanza, ineludible recordatorio de que, ante todo, la literatura es arte y es
respuesta.
La maestra da sus clases tranquilas, con el pedido de disculpas si la cita literaria era
emotiva o dura para los oídos sensibles. Ponía voz de lectora cuando elegía breves frases
y luego preguntaba a quién habíamos escuchado a través suyo. ¿Quién habla acá, quién
se oye detrás de estas palabras? El procedimiento, la indagación metódica, la anotación
cuidadosa y el hacer de sus clases una larga conversación con Bajtin.
Dr. Ariel Gómez Ponce:
Yo diría, en relación con eso, que la primera cuestión tiene que ver con la noción de po-
lifonía, que se encuentra vinculada más a la crítica literaria. Esa idea ya marca un punto
clave respecto a lo que más se ha trabajado sobre Bajtín acá: su dimensión discursiva,
más cercana a lo que él propone como una translingüística. Hablo de conceptos como la
noción de enunciado, el género discursivo y la misma polifonía aplicada al estudio de la
voz en la novela, entre otros. Todo eso ha sido, de algún modo, “expropiado” y adaptado
para el estudio de la crítica cultural, aunque a veces de forma un tanto forzada. Incluso en
los estudios lingüísticos y culturales estas nociones han sido simplicadas. Por ejemplo, la
idea de género en Bajtín se ha reducido mucho. Hay un Bajtín que va más allá con otras
discusiones que son propiamente culturales, como las que giran en torno al estudio de
la cultura popular en la obra de Rabelais. De ahí también se ha simplicado bastante su
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pensamiento: conceptos como el carnaval o los géneros cómicos-serios se han reducido a
interpretaciones más superciales.
Pero Bajtín está concibiendo una teoría muy robusta de la cultura, una que todavía no
se ha explorado completamente. En los estudios culturales latinoamericanos se podrían
distinguir varias líneas de interpretación. Los estudios culturales han tomado a Bajtín a
partir de su enfoque en la cultura popular. Autores como Jesús Martín-Barbero, Omar
Rincón o Beatriz Sarlo, por ejemplo, han desarrollado lecturas que conectan la idea del
carnaval con el pueblo en revolución, en cambio o en resistencia. Sin embargo, insisto: hay
un Bajtín más profundo, menos trabajado, que piensa en la cultura desde su capacidad
de transformación histórica, en cómo la cultura popular funciona como una supercie
sensible a los cambios abruptos. Lo que Bajtín ve en la transición de la Edad Media al Re-
nacimiento es, esencialmente, el nacimiento de la modernidad. Lo observa en la cultura
popular, en lo que hace el pueblo y en cómo la literatura recoge eso en un momento cla-
ve, cuando se empieza a gestar una época más democrática. Ese Bajtín, creo yo, es el que
falta en los estudios culturales actuales. Aunque algunos indicios han trabajado esta idea,
todavía queda mucho por explorar, como la importancia de las estas populares como
espacios de cambio intenso. Todo eso, en gran medida, sigue pendiente.
Polifonía y dialogismo son dos cosas distintas para Bajtín. El dialogismo es casi una
base epistemológica, un modo de entender la producción del conocimiento. Está presente
en todo el pensamiento bajtiniano. En principio, cualquier investigación podría fundamen-
tarse en una epistemología dialógica, algo que implica un sentido inacabado, inconcluso,
un diálogo constante. Esto también incluye la memoria como cambio y permanencia, y
al sujeto como interpelado por el otro. Por otro lado, la polifonía es una categoría más
especíca, teórica y analítica. Sirve para identicar la coexistencia de voces distintas en
un discurso y, con ellas, las concepciones de mundos diferentes. Esto puede aplicarse a
prácticamente cualquier objeto cultural: literatura, cine, videojuegos o incluso discursos
que parecen más cerrados. Si uno los examina bien, siempre aparecen tensiones y contra-
dicciones que son, en esencia, voces en conicto.
Lo interesante de Bajtín es que su pensamiento nunca estuvo completamente acabado;
trabajaba en borradores, dejando muchas ideas abiertas. Por eso no dio una fórmula cerrada
Figura 1. Círculo de Bajtín
Fuente: https://www.literarysomnia.com/litarary-somnia/circulo-de-bajtin/amp/
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Dra. Candelaria de Olmos:
Creo que es fundamental estudiar a Bajtín en cualquier momento de la carrera de Le-
tras. Cuanto antes, mejor. Cuando yo cursé la carrera leíamos a Bajtín en tercer año. Por
entonces, en la escuela, Bajtín era un descubrimiento reciente cuyo estudio habían en-
carado algunas profes, entre ellas Beby Pinelle que era profe de Teoría Literaria, Susana
Romano-Sued, que era profe de Estética y, muy especialmente, Pampa Arán que era profe
de Metodología del Estudio Literario II. Pampa fue la que se dedicó más fuertemente al
estudio minucioso de Bajtín, a tratar de desentrañarlo, de comprender su teoría de una
manera cabal y completa. En su materia ella daba solo Bajtín. Estudiábamos Bajtín un año
completo, porque entonces las materias eran anuales.
En Teoría Literaria ahora leemos “El problema de los géneros discursivos”, que es un tex-
to fundamental de la teoría bajtiniana. Un texto muy orgánico, muy ordenadito que, aunque
es de los años 50, recoge reexiones tempranas de Bajtín y de su Círculo kantiano en torno
a los géneros discursivos, al enunciado, a la noción de frontera y de evaluación social. En
otros momentos hemos leído también “Arte y responsabilidad”, que es un texto muy cortito
pero muy denso y que tiene el valor, además, de ser el primer texto publicado por Bajtín.
En alguna oportunidad leímos, además, la entrevista a la revista Novy Mir, donde Bajtín
da cuenta de los problemas que, cree, aquejan a los estudios literarios de su tiempo, entre
ellos, una cierta incapacidad para ponerse en el lugar del otro, mirar con los ojos del otro
y ensayar eso que dio en llamar “exotopía”. Estos son todos artículos que están incluidos
en Estética de la creación verbal. Muchas veces recuperamos fragmentos de “El problema
del contenido, el material y la forma” —presente en Teoría y estética de la novelay de El
método formal —el libro de Pavel Medvedev— para explicarles a lxs estudiantes de primer
año las críticas que Bajtín y su círculo realizaron al formalismo y el modo como eso abrió
una concepción de literatura más próxima a la que está hoy en vigencia y que supone
considerar los discursos literarios en relación con otros discursos y con otros fenómenos
de la vida social y cultural.
Ese es uno de los grandes aportes de Bajtín: una cierta comprensión del diálogo que
la literatura mantiene con su entorno y con otras formas discursivas a veces menores
como aquellas de la plaza pública que él estudió en su tesis doctoral que fue rechazada
por el jurado que la evaluó y que es un libro precioso—. La literatura no es diferente de
sobre lo qué es la polifonía. Esto le exige al investigador profundizar y explorar mucho más,
buscando los rasgos dominantes de la categoría. Pampa, por ejemplo, hablaba del “poten-
cial heurístico” de Bajtín, esa capacidad de su pensamiento para generar hipótesis fértiles
y aplicables en contextos muy diversos. Ahora bien, esa apertura también permite que se
simplique demasiado su obra, reduciéndola a manuales o fórmulas. Esto pasa, por ejemplo,
con el cronotopo, que a menudo se presenta como una noción cerrada cuando, en realidad,
Bajtín la pensó como algo mucho más complejo. Es una categoría que depende en gran me-
dida de las decisiones del investigador, quien organiza las operaciones de sentido necesarias
para aplicarla a un objeto especíco. Esa subjetividad, esa libertad presente en las categorías
bajtinianas, es precisamente lo que las hace tan ricas y actuales. Permiten trabajar con una
enorme pluralidad de objetos sin traicionar el espíritu de Bajtín. Y creo que eso es lo que hace
que su pensamiento siga siendo tan fértil hoy en día.
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otros discursos, no tiene privilegios, salvo el de ociar de caja de resonancia de esos dis-
cursos otros y poseer un oído que la hace sensible a los murmullos, a las voces menos
audibles del vasto rumor social. En este sentido, la postura de Bajtín sobre la literatura es
una postura estética, pero también ética y política. A propósito de esto último, me parece
que hay un costado de la teoría de Bajtín que debería interpelarnos ahora más que nunca.
Las nociones de diálogo y dialogismo, cuyos alcances son lingüísticos, pero también epis-
temológicos, vienen a recordarnos que tanto hablar, como leer e investigar son prácticas
que suponen siempre un encuentro con lxs otrxs que no necesariamente será un encuen-
tro armonioso.
Otras nociones igualmente nodales de su pensamiento tienen una potencia nueva para
nuestra contemporaneidad. Por ejemplo, la noción de responsabilidad. Bajtín nos recuerda
algo que estaría bueno no perder de vista en momentos en que cualquiera puede dejar
cualquier comentario en cualquier posteo de cualquier red social: que detrás de todo enun-
ciado hay un sujeto hablante que es responsable de aquello que dice y aquello que dice
puede ser respondido por otro enunciado producido por un oyente devenido, también él,
un hablante responsable. Respuesta y responsabilidad —que tienen la misma raíz etimoló-
gica— van de la mano en la teoría bajtiniana. Agregaría también: la noción de frontera que
en Bajtín es siempre no un lugar de separación y exclusión, sino muy por el contrario un
espacio de mixtura, de contaminación, de encuentro con aquello que es diferente; la noción
de exotopía que ya he mencionado y que nos hace saber que no podemos completar una
mirada de nosotrxs mismxs si no es con la mirada ajena; la noción de evaluación social que
viene a recordarnos que no hay individualidad posible, porque incluso nuestra conciencia
está moldeada por la palabra ajena y es, en consecuencia, de naturaleza social.
Esta última noción –la de evaluación social– es clave en la propuesta bajtiniana. Sole-
mos ocuparnos de ella en la cátedra Semiótica. Allí no leemos a Bajtín, pero a Valentín
Voloshinov. Desde hace unos años, a la profe Ximena Triquell y a nos ha parecido opor-
tuno considerar su teoría del signo ideológico como una propuesta contemporánea de la
teoría del signo lingüístico de Ferdinand de Saussure y de la teoría del signo triádico de
Charles Sanders Peirce. Solemos detenernos en algunos fragmentos de Marxismo y loso-
fía del lenguaje para introducir su proyecto de una ciencia de los signos —materiales, por
denición— como una ciencia de las ideologías. Nos encanta decir esa frase tan conocida
de Voloshinov, “el signo es la arena de la lucha de las clases sociales”, y de ahí pasar a esa
otra armación, tan de la semiótica, según la cual en el uso del lenguaje verbal y no verbal
libramos una disputa por la imposición de sentidos. En momentos donde los que hemos
dado en llamar “discursos de odio” triunfan, en momentos en que lxs otrxs se han vuelto
enemigxs reales o potenciales, me parece que el pensamiento de Bajtín es un pensamien-
to incómodo que nos obliga a revisar nuestras prácticas como investigadores, docentes,
estudiantes y, en n, ciudadanxs. Ahora que el algoritmo hace selecciones por nosotrxs, el
monologismo puede ser más fuerte que la polifonía.
Dr. Claudio Fernando Díaz:
La primera cuestión es la mirada dialógica de Bajtín. En realidad es la base de muchos otros
pensadores que nosotros tomamos en los estudios de música popular, la sociología y los
estudios sociológicos del discurso, porque aquello que Bajtín planteaba sobre el concepto
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Polifónicxs Revista estudiantil sobre discursividad social, 1 (1), julio-diciembre 2024. Ana Manuela Josena
Luna e Ignacio de Goycoechea, Entrevista homenaje: Pampa Arán y su legado, pp. 13-40
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de enunciado como un eslabón en la cadena del diálogo social está en la base del pensa-
miento de tipos como Foucault, por ejemplo. Si bien no lo mencionaba, toda la concepción
que tenía Foucault en su etapa arqueológica de lo que son las formaciones discursivas y
como entendía lo que era un enunciado, tiene claramente un aire de familia muy claro con
las concepciones bajtinianas. Y, si nos vamos más adelante, donde encontramos referencias
especícas es en el pensamiento de uno de los fundadores de la sociosemiótica, Eliseo Ve-
rón, que construye todo su planteo acerca de cómo concebir los discursos en relación con
sus condiciones especícas de producción y teniendo en cuenta su gramática de reconoci-
miento. Ahí podemos ver cómo resuena esa idea bajtiniana, según la cual todo enunciado
es respuesta a enunciados anteriores y, a su vez, prepara respuestas ulteriores.
Como esas son deniciones básicas que nosotros planteamos para estudiar la música
popular, evidentemente esos aportes bajtinianos están presentes en nuestra manera de
concebir estos estudios. Y les digo algo más, hay otra mirada que viene de los estudios
culturales, como el caso de Raymond Williams especícamente, quien se plantea la necesi-
dad de repensar aquellos viejos conceptos marxistas, como el de ideología, para construir
su idea de cultura. Una de las cosas que cuestiona es la manera de entender, por parte
del marxismo, al lenguaje y la conexión del lenguaje con el mundo y recurre justamente a
Voloshinov y aquel famoso libro sobre el lenguaje que tiene claramente una impronta bajti-
niana. Entonces cuando Williams piensa en la cultura como esta especie de arena de lucha
por la construcción de la hegemonía, en realidad está resonando allí aquella expresión de
Voloshinov del lenguaje como “la arena de la lucha de clases”. Cuando Voloshinov decía que
entre los conceptos de ideología y lenguaje se debe colocar un signo igual, porque donde
hay lenguaje hay ideología, está resonando esta mirada bajtiniana.
Entonces, si pensamos especícamente en los estudios sobre música popular, yo inver-
tiría la pregunta para plantear que, en realidad, no hay manera de mirar la música popular
si no es desde una concepción dialógica, más allá del concepto teórico a partir del cual uno
construye las relaciones entre enunciados. Por ejemplo, una discusión que es muy activa
siempre en los estudios sobre música popular es la discusión sobre los géneros. Hay gran-
des debates sobre esto, desde perspectivas muy estructuralistas hasta las más esencialistas,
que intentan construir un conjunto de rasgos sonoros que son los que denen de un modo
unívoco los límites de un género, o miradas extremadamente constructivistas que plantean
aproximadamente que un género musical es aquello que los cultores denen como género,
como si no hubiera rasgos musicales. Estas son posiciones extremas.
Muchas posiciones tienen un piso en común y ese piso es aquel viejo texto de Bajtín
sobre las culturas populares en la Edad Media, ubicado en la introducción del libro sobre
Rabelais. Siempre que hablamos de la noción de lo popular, especícamente de la música
popular, siempre hay una referencia que de alguna manera habla de las posiciones subal-
ternas de algunos grupos en las relaciones de poder y eso era lo que Bajtín marcaba por
supuesto. Él estudiaba un fenómeno especíco que era la cultura popular en la Edad Media
y sus vinculaciones con el carnaval y, si bien uno no puede hacer transposiciones automáti-
cas a los textos, la forma como él lo estudiaba era muy interesante. A mi siempre me gustó
eso de Bajtín, por ahí no sé si citar permanentemente sus textos o sus conceptos sin tratar
de pensar como él pensaba y eso está muy presente en nuestros estudios.
Veamos ejemplos donde se puede observar el dialogismo en la música popular. Ya
que estamos mencionando el trap, un género que emerge en una escena musical com-
pletamente globalizada, encontramos muchos elementos que provienen de la cultura del
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Entre libros y teoría: la inuencia de Pampa Arán
en los estudios críticos del discurso
Dr. Claudio Díaz:
Pampa no solo introdujo y trabajó mucho el pensamiento de Bajtin, sino que también tuvo
que ver con la introducción de otro pensador que se encuentra un poco olvidado, pero
que es muy importante en los estudios sobre música popular o sobre la cultura en gene-
ral que es Iuri Lotman, muy reconocido por su libro La semiótica de la cultura. Pampa fue
una de sus impulsoras de la lectura de este autor y me parece que si uno hace un cruce
teórico entre la línea que viene de la semiótica de la cultura y la que viene desde la socio-
logía, tenemos un conjunto de herramientas para pensar justamente estos mecanismos
de producción de hegemonía así como de resistencia.
Un concepto de Lotman que resulta muy interesante para pensar estas cuestiones es la
noción de frontera, que Pampa trabajaba mucho. Si tomamos la categoría de hegemonía
que proviene de Antonio Gramsci y de los estudios culturales, podemos vincularla con
esta categoría de Lotman. Para este último, los procesos de producción de hegemonía
generan dos espacios dentro de una semiosfera: un centro y una periferia. El centro es el
lugar donde funcionan con mayor fuerza los signicados de valor que se vuelven hege-
mónicos, los cuales —como decía Raymond Williams— son constantemente desaados.
Lotman aporta que estos desafíos ocurren precisamente porque existe una periferia, la
cual construye una zona de frontera con otras áreas de la semiosfera o incluso con otras
hiphop de Estados Unidos y del reguetón, con toda su representación puertorriqueña, in-
cluso en el uso del lenguaje y la retórica. Es decir, el trap se nutre de múltiples inuencias.
Como género musical, es producto de una serie de hibridaciones y diálogos entre culturas
musicales y literarias, entre otras, que son históricas y diferentes y se remontan a 30 o
40 años atrás. En el caso de su adaptación en Argentina, vemos que algunos traperos,
como Trueno o Yami Safdie, construyen marcas de identidad local dentro de esta música
global que circula por plataformas mundiales. Ellos generan un diálogo muy productivo,
creativo y fecundo con otras tradiciones de la música popular local, como el folclore o el
tango. Especícamente en relación con el primero, hay varios traperos que samplean in-
cluso fragmentos de canciones folclóricas y las introducen en sus propias producciones.
Así como Trueno y su tema tan famoso Tierra Zanta, donde no solo incorpora una serie de
elementos rítmicos o melódicos propios del folclore argentino rioplatense o del candom-
be, sino que también incorpora la voz de un folclorista famoso, como es el caso de Víctor
Heredia. Asimismo Yami Safdie, que también tiene temas que recurren a elementos de la
música folclórica y que trabaja con Gustavo Santaolalla, justamente uno de los músicos
que hizo un nexo muy profundo entre el rock y el folclore en etapas anteriores de la músi-
ca popular. O sea, ejemplos que demuestran que si hay algún lugar desde donde opera el
dialogismo y es posible observar el funcionamiento de la cultura, es justamente en campo
de los estudios sobre música popular.
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Figura 2. Primer Diccionario Léxico de la Teoría de Mijaíl M. Bajtín
Fuente: Cortesía de la profesora Candelaria de Olmos
semiosferas. Es en estas fronteras donde se producen signicados y valores que pueden
desaar aquellos establecidos en el centro.
Si cruzamos este pensamiento semiótico con el enfoque social de Williams —y me parece
que por ahí iba la cabeza de Pampa—, desde una perspectiva sociológica podemos asociar
ese centro y esas periferias con los sectores sociales dominantes y subalternos. Justamente
en estas zonas de frontera, ya sea con otras semiosferas o con formas de subalternidad, es
donde los sectores subalternos producen signicados y valores que pueden ser resistentes
y modicar los valores hegemónicos del centro de la semiosfera. Aclaro que este cruce entre
autores es algo improvisado, pero ambos comparten una lógica de pensamiento que nos
permite entender cómo operan estas categorías. Además de pensar e investigar sobre estos
autores, Pampa dirigió muchos proyectos, como el Diccionario de la teoría de Mijaíl Bajtín, que
han sido muy inuyentes. Este diccionario logró sistematizar el pensamiento de Bajtín, que,
como el de tantos otros grandes pensadores, suele estar bastante disperso. Ese trabajo de
sistematización fue enorme y contó con la colaboración de varios profesores de la facultad.
Dra. Candelaria de Olmos:
Con Pampa hicimos dos diccionarios de Bajtín que fueron dos proyectos sumamente am-
biciosos, como los que ella solía proponerse y proponer a las personas que tuvimos la
suerte de trabajar y aprender a su lado. El primer diccionario fue publicado en 1996 por
la Dirección General de Publicaciones de la UNC. Como digo, era un libro ambicioso, pero
también perezoso. Es paradójico, porque trabajando con Pampa no había pereza posible
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y porque el proyecto nos insumió mucho esfuerzo y mucho tiempo. Sin embargo, los resul-
tados fueron los de un libro perezoso porque recogía una colección de citas que hicimos
tras hacer un barrido por la bibliografía de Bajtín: toda aquella que Pampa había logrado
reunir en tiempos en que el correo electrónico, Google y los archivos en formato pdf eran
más bien del orden de la ciencia cción. Ese primer diccionario tenía un total de sesenta en-
tradas. Cada entrada reunía un conjunto de fragmentos más y menos extensos de la obra
de Bajtín que nos parecían cruciales para entender el concepto en cuestión. De ese primer
diccionario comandado por Pampa participamos Mariela Cagnolo, Anabela Flores, Silvia Ba-
rei, María del Carmen Marengo y yo. Hay que advertir que Mariela y yo éramos estudiantes.
Pampa trabajaba con lxs estudiantes con un nivel de horizontalidad que, si bien siempre ha
sido habitual en la Escuela de Letras, llevaba a extremos inusuales. Hace poco encontré una
notita que ella me escribió cuando estábamos preparando otro libro La estilística de la no-
vela en Mijaíl M. Bajtín que publicamos en 1998 con Narvaja Editor—. Entonces, yo también
era estudiante. En esa notita me decía: “tratá de unicar el aspecto formal del que habíamos
hablado, mientras tanto yo voy a pulir mi trabajo … siguiendo también tus observaciones”.
Pampa tenía la humildad y la generosidad de lxs grandes, como suele decirse.
No sé si a Pampa le gustaría mucho que recuerde ese primer diccionario. Al poco tiem-
po ella advirtió con horror que lo que habíamos hecho rozaba la ilegalidad porque, des-
pués de todo, reproducíamos fragmentos enteros —aunque siempre usando comillas y
referenciándolos debidamente— sobre los cuales había derechos de autor y de traduc-
Figura 3. Nuevo Diccionario de la teoría de Mijaíl Bajtín
Fuente: Cortesía de la profesora Candelaria de Olmos
ción. Ese diccionario circuló mucho, pero después permaneció en las sombras, un poco
voluntariamente. Para mí no dejó de ser nunca un motivo de orgullo: muchxs estudiantes,
investigadores y docentes nos servíamos de él porque no dejaba de ser una gran siste-
matización del pensamiento bajtiniano, como chas fragmentarias que abrían e invitaban
a completar lecturas. En lo personal era, además, el primer libro en el que yo participaba
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como “autora” lo cual me hacía sentir muy contenta y muy importante. Para Pampa, que
era muy obstinada, quedó la deuda de hacer un diccionario “en serio”, “de verdad”, don-
de lxs participantes redactáramos cada entrada en lugar de andar copiándolas de Bajtín,
donde pudiéramos introducir reexiones nuestras y nueva bibliografía que ya circulaba
porque había cada vez más y porque —ahora sí, Internet mediante— algunos textos eran
un poco más accesibles. El Nuevo Diccionario léxico de la teoría de Mijaíl Bajtín apareció diez
años más tarde que el primero (en 2006) por Ferreyra Editor.
El título admitía la existencia del viejo, el inconfesable, pero trataba de superarlo con
creces. De ese diccionario participamos un equipo estable de cuatro personas: Lucas Be-
rone, Néstor Aguilera, Flavio Lo Presti y yo. Además, se sumaron colaboradores invitadxs,
cuya participación fue imprescindible para que este nuevo diccionario tuviera la calidad
y la envergadura que nalmente tuvo: Soledad Boero, Adriana Boria, Cristian Cardoso,
Analía Gerbaudo, Suny Gómez, Cecilia Pacella, Susana Romano-Sued y Alicia Vaggione es-
cribieron entradas muy buenas y muy completas sobre temas de su interés. Así que fue
un trabajo colectivo tal y como le gustaba a Pampa, con mucha gente joven —eso también
le gustaba: decía que se aprovechaba de las mentes jóvenes porque le permitían seguir
pensando cosas nuevas—. Fue también un trabajo descomunal porque, como digo, ahora
había más bibliografía sobre Bajtín y Pampa era de esas investigadoras puntillosas, dadas
a las búsquedas exhaustivas. Además, hay que decir que algunas personas del equipo
estábamos con otros proyectos: algunos habían empezado a recorrer caminos diferentes
del académico; yo, personalmente, me recuerdo escribiendo la entrada sobre enunciado
con mi hija bebita sobre las rodillas. Pampa renegó bastante con todos nosotrxs.
A mi juicio, el Nuevo Diccionariosigue siendo un trabajo excelente sobre la teoría de
Bajtín. Tiene cincuenta y cinco entradas muy homogéneas —porque acordamos criterios
de redacción y estructuración de cada una e hicimos un tremendo trabajo de corrección—.
Son textos muy didácticos, muy esclarecedores. Uso algunos de ellos para enseñar Aná-
lisis del Discurso en la Escuela de Archivología y creo que es un insumo buenísimo para
introducir a la lectura de Bajtín o acompañarla en aquellas zonas de su pensamiento que
son más complejas y en otras que no lo son tanto. Además, como en el otro diccionario,
nos tomamos el trabajo de hacer reenvíos entre las entradas, como links que permiten ad-
vertir la coherencia del pensamiento bajtiniano, que es un pensamiento muy abarcador,
pero, al mismo tiempo, muy compacto.
Lamentablemente el Nuevo diccionario… está agotado desde hace años. Una vez le dije
a Pampa que deberíamos reditarlo. ¿Qué pudo responderme la incansable Pampa? Que ha-
bría que ver, porque había mucha bibliografía nueva y que algunas entradas debían volver a
escribirse y que, en n, esa reedición debería ser una reedición ampliada y revisada. Desde
luego, mi idea no prosperó y la de ella tampoco. Sería buenísimo poder encarar un proyecto
similar, que dé cuenta de la vigencia del pensamiento de Bajtín, de su potencia “heurística”
como le gustaba decir a Pampa y, como sugieren ustedes, que sea la oportunidad de vincu-
larlo con una nueva agenda de problemas que son los de nuestra contemporaneidad.
Dr. Ariel Gómez Ponce:
El libro Fredric Jameson, una poética de las formas sociales nació más como un deseo que
compartíamos con Pampa de profundizar en algunas cuestiones. Ella me fue guiando
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hacia los autores que terminé leyendo. Algunos de los que admiro surgieron de búsque-
das propias, como Kristeva, por ejemplo, o el mismo Bajtín. Pero el trabajo con Pampa
y el diálogo de tantos años con ella terminaron profundizando esos pensamientos y
llevándome hacia otras reexiones. En algún momento, medio de casualidad, Pampa
me dijo por primera vez, cuando estábamos armando el proyecto para presentarme
en Conicet: ·Bueno, después, porque ya estamos cerrando, pero fíjate porque capaz
Figura 4. Una poética de las formas sociales. Claves conceptuales
Nota: Libro recopilado por Pampa Arán y Ariel Goméz Ponce
Fuente: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana-cm/libro_detalle_resultado.php?id_libro=2111&-
campo=cm&texto=15
que deberías empezar a leer a Jameson. Te va a servir; es un autor que te va a interesar
porque tiene mucho de bajtiniano. Trabaja cine, televisión y tiene una crítica interesante
sobre los géneros”. Yo, ansioso como siempre, salí de su casa, me fui directo a una libre-
ría y compré un libro de Jameson. Presenté el proyecto en el Conicet, el proyecto recibió
buenos comentarios y uno de los evaluadores escribió: “Muy interesante la propuesta;
sería bueno que lea a Fredric Jameson, porque podría aportar mucho”. Esa coincidencia,
que dos personas vieran lo mismo y sugirieran leer a Jameson, fue una señal para mí. Y
efectivamente, lo que le faltaba a mis investigaciones era esa crítica que el autor aporta.
Jameson es como un Bajtín más actualizado, más marxista —porque Bajtín, aunque lo
roza, nunca fue claramente marxista—. Es un autor que aborda productos de la cultura
de masas con la misma seriedad que dedica a obras clásicas como las de Marcel Proust o
William Shakespeare. Así empecé a leerlo de a poco (un libro) y terminé sumergiéndome
en toda su bibliografía. Ese recorrido nos llevó, junto con Pampa, a retomar diálogos sobre
Jameson. Entonces surgió la idea: viendo la complejidad de su pensamiento, decidimos
hacer una compilación que acercara a un público más amplio algunas de sus categorías
conceptuales centrales. Invitamos a varios de los que considerábamos grandes estudiosos
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de Jameson: Eduardo Grüner, Atilio Borón, Mirta Antonelli y algunos especialistas interna-
cionales. Cada uno aportó reexiones valiosas. Para nuestra sorpresa, esa compilación
quedó muy bien. Y lo mejor de todo: Jameson mismo la prologó. Yo ya tenía contacto con
él porque había traducido algunos de sus textos antes, así que le mandé la compilación
y le pedí si podía escribir unas palabras. Él ofreció hacer el prólogo completo. Escribió un
prólogo bellísimo, titulado “Sobre la crítica dialéctica”. Allí rearma su postura sobre la
dialéctica como un pensamiento dominante y señala que sus categorías centrales —la de
posmodernidad y la de capitalismo tardío— siguen más vigentes que nunca.
En ese momento estábamos en plena pandemia y había mucho debate sobre si el capita-
lismo iba a terminar. Jameson, en su prólogo, decía algo así como: “Calma, no está pasando
nada; lo que puede suceder es que se profundice lo que ya está”. Y efectivamente, fue así.
Jameson me parece un pensador fascinante, un gran bajtiniano. Su epistemología con-
tiene muchas de las ideas centrales de Bajtín, pero llevadas a otro nivel. Ese libro tuvo
una gran recepción y siguió un poco la tradición de la Pampa. Para mí, ella era una gran
traductora teórica, alguien que le dedicaba mucho tiempo a la lectura y a la interpretación
de teorías complejas para acercarlas a un público más amplio, principalmente a sus es-
tudiantes. La Pampa era, sobre todo, una gran maestra. Siempre estaba armando herra-
mientas, “masticando” teorías, para que sus alumnos pudieran entenderlas. Ese libro, de
algún modo, continúa esa tradición suya de traducir ideas complejas y hacerlas accesibles.
Dra. Susana Gómez:
Puedo reconocer que no es menor el intercambio que Pampa ha realizado con investigado-
res latinoamericanos desde que decide ocuparse de Bajtín casi con exclusividad a nes de
los años 80, mientras seguía pensando en Lotman, en las semióticas, en la literatura argen-
tina —su campo de actuación crítica que sostuvo siempre sus teorías—. La publicación de
trabajos en ese entonces era mucho más lenta que ahora, con envíos en papel y en disque-
tes —ya en los 90— o en publicaciones de separatas de revistas o de libros. Los congresos
“internacionales” eran escasos también y no había fondos para asistir, ni ayudas. Es impor-
tante comentar esto porque la historia intelectual está sostenida por las prácticas y por los
modos de hacer —ese concepto tan querido de Michel de Certeau—. Tal proceso, a veces
producto de azares y otras de cuentas sacadas con monedas por la ausencia de subsidios,
van deniendo las posibilidades concretas de actuación sobre las teorías, aunque Pampa
quiso siempre hacerlas pasar por el tamiz de la enseñanza para nalmente investigarlas y
darlas a conocer con el respaldo incesante de las conversaciones en sus grupos y equipos.
Viví ese proceso con Pampa, minucioso, cálido, pero inquietante, ya que nada se podía
dar por sentado y siempre era posible dibujar de nuevo la línea del pensar posible: “Llevalo
más allá, Suny, jate qué podés ver en otra vinculación”, era una frase muy común en nues-
tras reuniones de cátedra. Discutíamos la clase entera antes, en el horario de consulta al
que no iba nadie. Tiempos de concentración absoluta en un detalle, en una cita, en una res-
puesta de algún estudiante que nos ofrecía la excusa inesperada para seguir discutiendo
cómo leer a Bajtin, un teórico traducido en versiones farragosas, densas por su fraseología,
que Pampa lograba explicitar en dos palabras levantando la vista del libro, con el estudian-
tado apurándose a buscar la fotocopia para anotar la cita. Si bien no puedo extrapolar
este comentario a un ámbito mayor, puedo reconocer en sus publicaciones y trabajos
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en congresos —le gustó mucho viajar cuando pudo hacerlo más frecuentemente— esa
misma frase como implícita en sus movimientos teóricos: expandir la zona de actuación de
las nociones, llevarla a otro lugar, para denir —puesta a prueba no siempre exitosa— su
potencia en relación a alguna otra cosa, o en discusiones con otros, tan fructíferas.
La cronotopía fue su preocupación más radical. Logra generar un ofrecimiento al lle-
var la noción a la vida, a la plaza pública, al mandato familiar en las obras sobre la dic-
tadura —allí donde pensábamos una literatura sin afectos y sin salvación—. Con ello,
aprendimos a recuperar ese largo ensayo de Bajtin con una visión más cercana respecto
de las literaturas lejanas de la cultura letrada latinoamericana que usaban a este autor
para su investigación. Y siempre señalaba los pormenores de cada ensayo: este es un
estudio, que pone a prueba y deja abierto, sin resolverse según estándares cientícos de
la época; “esta cronotopía se está viviendo, chicos”, señalando de qué manera nuestra
vida se entrevera, noción del campo y de su época de maestra rural, con cronotopías
que la cultura ha construido en largos siglos. El cronotopo de la encrucijada de caminos,
su favorito, tan canónico en la literatura argentina desde el siglo XIX. El libro Interpelacio-
nes contiene su ensayo sobre las cronotopías en la novela de la posdictadura, de lectura
necesaria en esa tarea por la memoria del horror, que no cesa. Merece un rescate para
que pueda ser leído por las nuevas generaciones. Creo que ese es el aporte central,
porque lo puso en relación a la contemporaneidad y supo difundirlo en revistas latinoa-
mericanas y en los congresos sobre Bajtín a los que asistió invitada.
Además, pudo trabajar con profundidad los aportes bajtinianos a la literatura fantásti-
ca, especialmente de la década del 40 y 50 en Argentina, época que coincide con la recupe-
ración de Bajtín como intelectual en la Unión Soviética, cuando se recogen sus borradores
de lo central de su teoría en relación a los géneros discursivos. Pampa explora esas posi-
bilidades de observar esta literatura, considerando ante todo que es la época la que habla
a través del género fantástico, en una oportunidad dialógica que favorece comprender “el
rumor” de los tiempos en los discursos sociales y en las voces que cruzan la frontera del
texto —concepto este que también era de su especial atención—, ingresando en el proce-
dimiento narrativo del fantástico, una forma más de comprender que es el ejercicio narra-
tivo una manera de hacer escuchar la voz del autor y, con ello, de lo social. Más allá de eso,
el impacto de los trabajos de Pampa redunda en una manera de observar la literatura y
en la elección de Bajtín como cabecera de numerosos trabajos de tesis doctorales y de se-
miótica, que siguen la estela de sus enseñanzas sobre cómo actuar en la teoría y con ella y
propician la llegada de sus conceptos a espacios muy disímiles como la crítica cultural, los
estudios semióticos de las formas nuevas de cultura en este siglo, en una visión peculiar
que permite tomar la novela como corpus de discursividades que resuenan, como en la
vida, cuando salimos a la calle o abrimos una ventana y entra todo lo que se dice afuera.
Abrir las obras y los fenómenos culturales a partir de la mirada de Bajtín es su legado más
fructífero. Se la puede citar de “La herencia de Bajtin” cuando dice:
Por eso, agradezco a amigos y amigas investigadores su colaboración generosa para esta
publicación y el diálogo sostenido en múltiples ocasiones, a instituciones universitarias
de mi ciudad, de mi país y de otros países latinoamericanos (Chile, Uruguay, Brasil, Méji-
co), que me brindaron un espacio hospitalario para leer o publicar mis trabajos y, como
siempre, a los muchos alumnos que me ayudaron a hacer del aula ese lugar de creación
intelectual por la palabra semipropia y semiajena como decía Bajtín. (Arán, s/f., p. 14)
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Hablar de y desde Pampa: un diálogo
que jamás se cierra
Dra. Candelaria de Olmos:
Ella había estudiado en Rosario. Se jactaba de haber estudiado con Noé Jitrik, con Adolfo
Prieto. Se jactaba también de haber sido docente de todos los niveles: desde maestra
rural hasta profesora de nivel medio y de la universidad. La docencia era su vocación.
Sus primeras tentativas en la Facu fueron por el lado de la literatura argentina que le
fascinaba. Ciertas circunstancias la corrieron de ese lugar y la fueron empujando hacia
la metodología del estudio de la literatura. Ya una vez en ese ámbito, tal vez Bajtín fue
para ella un antes y un después. Silvia Barei me recuerda que en la universidad de la
posdictadura (de los 80) no había equipos de investigación ni nanciamiento ni Secyt y
que recién empezaban a armarse los concursos docentes. En ese contexto, los grupos
de investigación eran grupos de estudio espontáneos, de profes voluntariosxs e inquie-
txs. Pampa era de esas. Silvia me recuerda también que todo lo que tenían por entonces
de Bajtín eran las traducciones de la Semiótica de Julia Kristeva y las que había traído la
profe Susana Romano-Sued de Alemania. Ella y Beby Pinelle, como ya dije, introdujeron
de alguna manera a Bajtín en la Escuela de Letras al cabo de años de mucho estructura-
lismo —que es una propuesta “tranquilizadora”, como solía decir Adriana Boria, y, desde
luego, menos riesgosa para los años de la dictadura—. Pero después fue Pampa la gran
militante de Bajtín. En 1993, se hizo en México un gran congreso sobre Bajtín. Pampa fue
y desde allá trajo muchísima bibliografía en inglés. Hay que pensar que en ese entonces
la única posibilidad de acceder a ciertos textos, era viajando, moviéndose.
Paréntesis: un viaje también podía ser el n de un proyecto. Cuando se fue a Costa
Rica por dos años, Tere Mozejko, que —como ustedes saben— era la profe de Semiótica
y de Literatura Hispanoamericana I, tuvo que abandonar la dirección de la tesis doctoral
de Pampa: ¿cómo dirigir una tesis a la distancia sin correo electrónico ni Whatsapp ni
reuniones por Meet? Pampa se doctoró después con una tesis sobre el fantástico, un
trabajo que aún hoy se consulta. La dirigió Jorge Torres Roggero que era profesor de
Literatura Argentina I y II. Fin del paréntesis: de ese viaje a México, Pampa trajo también
las traducciones que había hecho Desiderio Navarro de Bajtín para Casa de las Amé-
ricas. Y con esa valija llena de libros arrancó a estudiar Bajtín y, sobre todo, a pensar
una metodología desde Bajtín, cosa que era muy desaante porque Bajtín no ofrece un
método de investigación: hay que construirlo. Que el método se construye era una idea
con la que Pampa insistía y aguijoneaba permanentemente a sus estudiantes. Todavía
recuerdo la felicidad que me produjo darme cuenta de que eso era posible, una tarde,
en el box 4 del Pabellón Francia, mientras probábamos cómo leer La invención de Morel,
de Bioy Casares con algunas categorías de Bajtín. Fue muy estimulante.
Mientras hacíamos esas pruebas un poco lúdicas empezaron a surgir lecturas e hi-
pótesis super interesantes que después plasmamos en ese libro que ya mencioné, La
estilística de la novela... Pampa llevó después a un nivel de sosticación y de profundi-
dad asombrosos ese tipo de lecturas con y desde Bajtín. Su trabajo sobre el cronotopo
en la novela de la postdictadura que está incluido en un libro titulado Interpelaciones
(2010) es de una agudeza y de una creatividad realmente increíbles. No si alguien
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más ha sabido, ha podido, hacer tan rentable, tan aprovechable una categoría tan
compleja como la del cronotopo. Sin duda, Pampa es la persona que mejor ha com-
prendido y abrazado el pensamiento bajtiniano, abrazado en el sentido de emplearlo
no solo para construir metodología, como ya dije, sino también para estar en el mun-
do. Con una ventaja: abrazar el pensamiento bajtiniano no le impidió hacer otras ex-
ploraciones, hacer otras lecturas, hacer otras búsquedas, hacer otras aproximaciones
que le permitieran investigar y enseñar a investigar en literatura. La literatura era otra
de sus grandes pasiones: nunca se olvidaba de ella. Sus corpus eran siempre literarios.
Me parece que el área de estudios críticos del discurso de nuestra escuela y los
estudios críticos del discurso en el país le deben mucho a esa apertura que Pampa
ensayó a partir de Bajtín y que ha sido reconocida por sus colegas de acá y de otras
universidades nacionales. En su trayectoria como alumna y docente ¿de qué manera la
inuencia de Pampa sigue presente en su trabajo diario en la Facultad? Siempre digo
que Pampa y Bajtín decidieron mi permanencia en Letras. Hasta entonces mi cursada
había sido constante, pero con muchas dudas. Fue entrar a tercer año y a Bajtín de la
mano de Pampa y decidir que Letras era mi lugar. También porque Pampa me ayudó
a construir ese lugar, a pensar y a trabajar de una cierta manera. Ella me dirigió muy
amorosamente dos tesis y me codirigió una tercera: en la primera, sobre Juan José
Saer, usé a Bajtín —todavía tengo las notas de Pampa al margen de mis borradores—.
Con la segunda la hice renegar muchísimo y con la tercera se armó de paciencia para
acompañarme en la lectura de un escritor que a ella no le gustaba. Igual, siempre me
decía: “Mi tío Artemio era amigo de Filloy, así que yo estuve en las rodillas de Filloy
cuando era chiquita”. Ella tenía ese tipo de anécdotas.
Siendo yo todavía muy joven, me alentó a escribir mis primeras ponencias y a presentar-
las en congresos internacionales y nacionales, me invitó a escribir libros con ella y —siempre
digo— me enseñó cómo hay que guardar la tijera de podar para que no se oxide y no pierda
el lo —no es una metáfora de nada: es una muestra de hasta qué grado llegaba nuestra
amistad y el afecto que nos teníamos que era muy genuino y muy profundo—. La memoria
de Pampa me atraviesa dentro y fuera de la facultad. Fue mi mentora, mi amiga y un poco mi
madre. Yo ya no puedo pensar sin el Bajtín que ella me enseñó. Incluso cuando hago lecturas
nuevas, hay un rumorcito bajtiniano que me acompaña como una música de fondo. Es como
Figura 5. Presentación de Estilística de la Novela
Fuente: Cortesía de la profesora Candelaria de Olmos
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una matriz desde la cual pienso, leo, enseño, investigo y hasta procuro transitar la vida.
En cuanto a la “inuencia” de Pampa, de ella me ha quedado una cierta valoración
de la minucia —aunque a eso también lo aprendí de Tere Mozejko—, del diálogo con
el otrx y del trabajo colectivo. Me hubiera gustado que me contagiara dos cosas más:
esa pasión incontenible que tenía por el aula y que no siempre me sale, y su humor.
Incluso en momentos muy difíciles de su vida, Pampa era una persona extremadamen-
te divertida, lo cual no le quitaba lo pendenciera, porque ella sabía que eso de la lucha
por la imposición de sentidos demandaba “no tener pelos en la lengua”, como solía de-
cir. Y realmente, no los tenía: sabía hacer uso de la palabra no solo para enseñar, sino
también para defender aquello en lo que creía. Por ejemplo, la educación pública. Era
una gran agonista y supo demostrarlo en algunos espacios de gestión que le tocó por
suerte ocupar. “Siempre en cuerpos colegiados”, decía orgullosa, como rubricando su
apuesta por la construcción de lo común y por el diálogo —bajtiniano, responsable—
con lxs otrxs.
Figura 6.
Nota: Anotaciones de Pampa detrás del índice de Estilística de la Novela
Fuente: Cortesía de la profesora Candelaria de Olmos
Dr. Claudio Díaz:
Al estar en la cátedra de Metodología Literaria, Pampa fue pionera, junto con otras pro-
fesoras, en destacar la importancia de la metodología en los estudios literarios. Ahí la
conocí por primera vez. Yo cursé la carrera de Letras en plena dictadura y con el plan
de estudios de 1978. Hace unos años hicimos una comparación del plan de estudios
de la dictadura con las reformas que se hicieron en 1986 y en el 2002 para tratar de
mostrar la base ideológica que había en ese plan de estudios. No era solamente, o no
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Figura 7.
Nota: Foto tomada por Meriles, hijo de Pampa.
Fuente: Cortesía de la profesora Candelaria de Olmos.
lo era tanto, respecto de los contenidos de las materias, donde también por supuesto
estaba, sino que era en cómo estaba concebido el plan: desde una mirada muy anticua-
da, diríamos así, de las humanidades, donde uno veía que había un listado de materias
que se ocupaban de la literatura. Pero casi en toda la carrera no había, en primer lugar,
una problematización teórica acerca de qué era este objeto que estamos estudiando y
que llamábamos literatura. Y en segundo lugar, y lo más grave de todo, no había nin-
guna línea metodológica donde uno aprendiera. Claro, porque si vos vas a abordar un
objeto de estudio, te hacés dos preguntas iniciales: ¿qué es este objeto de estudio que
estoy abordando en términos teóricos? y ¿cuáles son los métodos con los que yo pue-
do abordar este objeto de estudio y que denen la especicidad de esta disciplina que
supuestamente estudiamos, que son los estudios literarios? Bueno, todo eso en el plan
78 no estaba, brillaba por su ausencia. Entonces nosotros cursamos la carrera en la más
absoluta ignorancia de cualquier discusión teórica y metodológica, incluso aclarando
—es decir, las jóvenes generaciones saben esto— que todas las principales corrientes
de pensamiento en relación a la literatura contemporáneas estaban excluidas o directa-
mente prohibidas. O sea, no se podía estudiar el estructuralismo, no se podía estudiar
el posestructuralismo, no se podía estudiar el psicoanálisis, no se podía estudiar la her-
menéutica, todo estaba excluido del pensamiento.
Entonces, uno estudiaba literatura. Y en denitiva ¿qué estudiaba? Estudiaba histo-
rias de la literatura: historia de la literatura francesa, argentina, latinoamericana. Aun-
que, en esa época, ni siquiera se llamaba latinoamericana; se decía hispanoamericana.
Bueno, muy bien. En ese desierto en el que estábamos —vamos a usar esa metáfora—,
había un oasis. Ese oasis era un seminario de metodología que representaba el único
acercamiento a la metodología que teníamos en toda la carrera. En ese seminario Pam-
pa y Beby hicieron milagros con nosotros, porque, en medio de toda esa situación, nos
plantaron la semilla de las preguntas: ¿para qué sirve la metodología? y ¿por qué nece-
sitamos una metodología para estudiar el discurso literario? Pampa, junto con Beby y
otro grupo de docentes, marcaron una diferencia enorme. Entre ellos, quiero destacar
la importancia fundamental de guras como Teresa Mozejko, quien más tarde tuvo a su
cargo las cátedras de Semiótica y Literatura Latinoamericana, y también de Susana Ro-
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Figura 8. Pampa recibiendo su doctorado honoris causa en Misiones
Fuente: https://www.instagram.com/boletinfhycs/p/C8FqKhQP_EO/?img_index=2
mano. Fueron parte de un conjunto de profesores que, cuando se realizó la reforma del
plan de estudios de 1986, presionaron para lograr cambios signicativos con el apoyo de
muchos estudiantes. Yo formé parte de esa comisión que hizo la propuesta de reforma,
como representante de los estudiantes. Teresa Mozejko también estaba en la comisión
y trabajamos codo a codo con todo ese grupo para introducir lo que, en ese momento,
se convirtió en el área de Metodología del Estudio Literario. Esa línea luego evolucionó
hasta convertirse, en el plan de 2002, en la actual área de Estudios Críticos del Discurso.
Destaco a Pampa, a Bevy Pinelle, a Teresa Mozejko, a Susana Romano, a Anabela Flo-
res, a Mirta Antonelli y a varias camadas de profesores, porque hay algo que no sé si las
generaciones jóvenes conocen: esta línea, este área de Estudios Críticos del Discurso es
una particularidad de la Escuela de Letras que la diferencia de casi todas las carreras de
Letras del resto del país. En el resto del país, por lo general, las carreras de Letras cuen-
tan con un área de Estudios Clásicos y un área de Lingüística. Sin embargo, un área de
Estudios Críticos del Discurso, centrado en el concepto del discurso y en las metodolo-
gías para abordar lo discursivo, es una particularidad de esta Escuela. Esa particularidad
se la debemos a muchas personas, pero centralmente a la gura de Pampa, quien más
tarde estuvo al frente de la cátedra de Metodología y formó generaciones de profesores
en el aspecto metodológico.
Quiero destacar algo más: Pampa tenía una actitud vital de apoyo hacia los empren-
dimientos y esto lo vi especialmente en los años 90. Durante esa época, un grupo de
profesores jóvenes y estudiantes de la Escuela de Letras creamos una revista llamada
Tramas para leer la literatura argentina. Publicamos varios números, aunque luego no
pudimos continuar por las dicultades económicas que enfrentábamos. Fue una expe-
riencia hermosa, en la que participaron también docentes como Cande de Olmos y Sole
Boero. En aquel tiempo, producir una revista era un desafío enorme porque todo se
hacía en papel, de manera artesanal. Una de las personas que más nos apoyó desde el
principio fue Pampa. No solo nos alentó y participó cada vez que la invitamos, sino que
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incluso presentó algunos de los números de la revista. Su relación con los estudiantes
y los profesores jóvenes era muy cercana y afectuosa. Tengo un recuerdo maravilloso
de su generosidad y compromiso. Pero hay más. Años después, tuve la oportunidad de
compartir con ella la dirección de una tesis de doctorado que analizaba la poesía del
rock en el contexto de la posdictadura. Este trabajo abordaba la música de artistas como
Soda Stereo, Los Redondos y Calamaro, entre otros. La tesis fue escrita por Lucas Vero-
ne, un egresado de nuestra Facultad. Pampa no llegó a ver el trabajo terminado, pero
yo sí, y tengo un enorme orgullo porque esa tesis hoy está publicada en Estados Unidos,
con el auspicio y un prólogo de Pablo Villa. Recuerdo que, en el sepelio de Pampa, nos
encontramos con Lucas. Él vino desde Santa Fe para despedirla y lamentaba profunda-
mente que ella no hubiera podido ver publicada en inglés esa obra que tanto esfuerzo y
dedicación le había implicado.
En denitiva, Pampa no solo marcó profundamente a esta Escuela, sino también a mí,
de manera personal. Queremos ser como ella. ¿Saben quién es otra profesora de ese
grupo que olvidé mencionar? Silvia Barei. Aunque no tuvo tanta presencia en la Escue-
la de Letras, formó parte de ese grupo y a me inuenció muchísimo. Barei trabajó
principalmente en Comunicación Social y en la Facultad de Lenguas, de la que llegó a ser
Figura 9. Reconocida por trabajar incansablemente
Fuente: https://sociales.unc.edu.ar/content/adi-s-pampa-ar-n
vicerrectora. Fue parte de ese grupo que impulsó la semiótica y los estudios del discurso
en Córdoba durante el período de la posdictadura, un grupo que me parece muy inu-
yente. Sin embargo, ella centró su trabajo en la Facultad de Comunicación —que en ese
entonces era la Escuela de Comunicación—, por lo que no tuvo la presencia continua en
Letras que sí tuvo Pampa. Por eso quizás su nombre no sea tan conocido entre los estu-
diantes actuales. Pero para nosotros fue clave. De hecho, recuerdo un seminario donde
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aprendimos a escribir con sentido crítico. Yo hice un trabajo sobre Juan Rulfo, usando
mis primeros acercamientos a la semiótica, tratando de entender algo desde esa pers-
pectiva. Por entonces, ya había terminado la dictadura y estábamos cerrando la carrera.
El director de la Escuela en ese momento era el profesor Iber Verdugo, quien, junto con
Teresa Mozejko, había sido cesanteado durante la dictadura y regresaba a sus funcio-
nes. Verdugo, al ver nuestra situación —porque no sabíamos cómo escribir una tesis—,
llamó a Teresa para que dictara un seminario de semiótica y metodología para los que
estábamos terminando la carrera.
Si uno revisa los anales de la Escuela, encontrará un conjunto de trabajos nales de
aquellos años, probablemente entre 30 y 50, que están casi todos escritos desde la pers-
pectiva de Greimas. Eso fue lo primero y único que aprendimos en ese momento, ya que
nos habíamos perdido toda la etapa del estructuralismo. Fue este grupo de docentes
el que trajo esas corrientes teóricas a nuestra Escuela. Además, Verdugo hizo grandes
aportes. No si todavía se usan, pero él trajo sus conocimientos al publicar varios libros
sobre el estudio y las estrategias del discurso. Uno de ellos, muy famoso, se centraba
en el lenguaje poético. Hasta el día de hoy recurro a esos materiales cuando necesito
analizar discursos poéticos, porque son extremadamente sistemáticos. La verdad es que
la Escuela de Letras ha tenido gente muy grosa. Es un orgullo haber aprendido de ellos.
Dra. Susana Gómez:
Puedo comenzar narrando algo muy personal. Cuando aprobamos Metodología del Es-
tudio Literario II junto a dos compañeras –entre ellas la Dra. Bibiana Eguía, testigo de mis
dichos—, con el análisis de Convalescencia de Onetti leído desde la retórica genettiana,
les prometí que nunca más haría tal cosa ni entraría en una cátedra como esa. Habíamos
“sufrido” mucho el detallismo de Pampa como lectora de nuestros trabajos prácticos en
un grupo muy grande para ella sola, sin Jefe de Trabajos Prácticos (JTP). A las promesas se
las lleva el viento. Y lo que me sacudió los rulos fue conocer la teoría literaria por el grupo
de Nilda Rinaldi de Pinelle, la Beby —casi en paralelo con el primer cambio de plan de es-
tudios del 86—, que me albergó y me prestó papelitos, libros, me exigió más y me sumó a
sus investigaciones. Pampa estaba por ahí, no era parte de mi transcurrir en Letras, jamás
fui a su cátedra. Sin embargo, un día de 1998 me presenté al concurso de JTP y ahí estaba
explicando mi tema, adonde había dicho que no iría, con un análisis de El eclipse de Mon-
terroso, a partir del Lector in Fabula de Eco. Por eso pienso que si bien la inuencia en mi
carrera fue de otra gente —en la novela de la familia intelectual—, una vez que comencé
a trabajar con Pampa aprendí otra manera de profundizar en la reexión detenida de la
teoría, que cobraba otra densidad en la lectura de literatura. Entonces se inicia otro reco-
rrido, y me atrevo a decirlo, otra Pampa, atenta a todos y generosa en explicaciones com-
plementarias, que pedía disculpas antes de leer fragmentos muy explícitos o densos de las
obras que trabajamos, la literatura fantástica del grupo Sur. En esos momentos se debatía
el cambio de plan de estudios al plan 2000 —luego 2002— y puedo estar presente en las
discusiones del área que entonces se llamaba Semiótica y que pasó, luego de acuerdos, a
llamarse Estudios Críticos del Discurso.
Creo que ese aporte de Pampa en la discusiones, al ingresar a Bajtín en ellas, hizo que
la conversación cambiara de rumbo y se reorientara hacia ese grupo de profes amontona-
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das en un box del Francia, hacia una prospectiva intelectual y pedagógica que viene cum-
pliendo en su enorme apertura académica. Fue álgida la discusión, no lo negaremos,
y preero dejar la imagen de un altísimo nivel de argumentos teóricos, pedagógicos y
sociales que derivaron en una apuesta innovadora en las carreras de Letras del país.
Pampa solo era una de ellas en lo que percibí entonces como una comunidad fuerte
de mujeres que, además, habían sobrevivido a la dictadura, habían colegiado en la uni-
versidad de las catacumbas y atravesado el largo exilio, sin dejar de leer, de escribir ni
de enseñar. Pero no pude decir ni una sola palabra en ese rincón, empequeñecida por
saber que los cambios venían rápido; quizás captando el n de una época o quizás reco-
nociendo que no tenía lugar más que la decisión de permanecer en ese sitio pequeño,
cronotopizado por la búsqueda del futuro de las humanidades que debían vincularse a
las ciencias sociales de manera más estrecha, como los amigos que se abrazan al encon-
trarse en la calle. Las ciencias sociales entraban en Letras de la mano de los discursos y
la historia que ahora vivimos es esta, una historia que dio paso a una Pampa curiosa por
los procesos culturales. Sus palabras hacían girar todo a partir de un solo argumento
decisivo, para que lo social fuese parte de la literatura leída y gozada por los estudiantes
de Letras.
En esos años Pampa y yo coordinamos un casi inexistente Seminario de investigación
que consistía en consultas metodológicas para el trabajo nal. Desde ese momento, el
investigar literatura se descubre como un campo de estudios al que destinar tiempo. Las
preguntas sobre cómo investigar, qué formulación hacer para una hipótesis “encerrada
en una nube”, cómo construir un control epistemológico de nuestro propio investigar,
son preguntas que hasta hoy guían lecturas y aprendizajes de muchos investigadores de
carrera, tesistas suyos y alumnos de cursos de metodología de varias provincias —Salta,
Catamarca, entre ellas, donde más viajaba—, en el Doctorado en Semiótica, en el de Le-
tras. Hoy sigo en esa línea, con el equipo de investigación Khora, para pensar epistemo-
Figura 10.
Nota: Esta sele es del año pasado, en su cumpleaños, el 17 de octubre, en su casa.
Fuente: Cortesía de la profesora Susana Gómez
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lógicamente cómo conocemos en literatura y en discursos, cómo trabajar con memorias
literarias y teóricas. He dictado ya dos veces lo que fue “su” seminario en el Doctorado en
Letras. Esta última ha culminado hoy mismo con un hijo del mismo árbol familiar, Ariel
Gómez Ponce, con quien no pudimos evitar emocionarnos al recordar su enseñanza,
mientras se nos escapaban frases de ella cada tanto en las clases. Mi materia, Teoría Y
Metodología II, me tiene mirando de soslayo la puerta porque me da la sensación de que
va aparecer con su sonrisa a decirme que siga, que me escucha. Es imposible hablar de
Bajtin sin ella ahí, de alma presente en el aula. En su libro sobre el diseño de un proyecto
de tesis, editado en Biblios hace pocos años, habla de la responsabilidad de investigar y
de que no se puede renunciar a ella “como integrante de una Universidad Pública”. Esa
ética bajtiniana es mi línea pintada, a la que siempre vuelvo desde que acompañé a Pam-
pa en cátedras y equipos de investigación, en charlas de amigas: responsabilidad viene
de respuesta, nunca para mí, siempre para el otro próximo.
Dr. Ariel Gomez Ponce:
Todo mi pensamiento ha sido acuñado por Pampa, así que es difícil marcar un momento
especíco. La verdad es que, a lo largo de los años, absorbí mucho de mis dos grandes
maestras: Silvia Barei y la Pampa. De Silvia recibí una línea más culturológica y lotma-
niana, mientras que de Pampa adquirí una línea mucho más discursiva y bajtiniana. Sin
embargo, el regalo más valioso que me dio Pampa fue la capacidad de pensar crítica-
mente. Ella no solo enseñaba a abordar los objetos de estudio, sino también a concebir
el proceso de investigación como algo metódico. Insistía en formular premisas e hipóte-
sis para cualquier problema que planteáramos y en analizar los objetos de manera sis-
temática, transformando inquietudes iniciales —a menudo expresiones de deseo— en
preguntas cientícas. Básicamente, lo que la Pampa me dio fue un método cientíco,
algo invaluable en la carrera de un investigador. Uno puede leer mucho, incorporar co-
nocimientos y teorías, pero no siempre sabe cómo manejarlas de forma fértil. Pampa te
daba esa herramienta. Su sistematicidad, reconocida por todos los que pasaron por sus
clases de Metodología en Letras, era admirable. Ella lograba ver más allá de la supercie,
encontrar puntos de quiebre en discursos, películas o series. Esa capacidad de mirar lo
que está en el trasfondo —los puntos de quiebre que resuenan detrás de los textos o
imágenes— es algo que solo los verdaderos intelectuales pueden hacer.
Conocí a Pampa cuando tenía 19 años. En ese momento, ella ya no daba clases regu-
larmente, pero me recomendaron asistir a un seminario que ofrecía en Villa María. Yo
recién empezaba la carrera y había leído a Kristeva, que me llevó a Bajtín, aunque este
último me parecía muy difícil para mi nivel de formación. Silvia me sugirió que asistie-
ra al seminario de Pampa. Ahorré lo que pude, viajé y pasé dos días intensos en Villa
María. Allí la vi por primera vez, enseñando Bajtín, y eso marcó el inicio de una relación
académica y personal muy especial. Con el tiempo, empecé a acercarme más a ella. En
los veranos, organizábamos seminarios en Córdoba sobre temas que no llegábamos a
abordar durante el año. Fue ahí donde nuestra relación se volvió más sistemática, espe-
cialmente cuando trabajamos juntos en la edición de La herencia de Bajtín. Los viernes
me iba a su casa con Bajtín bajo el brazo y un cuaderno. Pasábamos las mañanas estu-
diando, con café de por medio, mientras ella me explicaba cómo leer a Bajtín, completa-
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do siempre con referencias a Kant, el formalismo ruso y la losofía. Fue como tener una
maestra particular, algo que agradezco profundamente.
Años después, cuando ya empecé a formar mi propio equipo de investigación y a
dictar seminarios sobre Bajtín, la Pampa estuvo presente. Incluso cuando ella comenzó
a explorar un Bajtín más cultural en sus investigaciones, seguíamos dialogando. Aunque
nunca pretendería decir que la inuencié, creo que nuestras conversaciones la empu-
jaron a investigar objetos culturales más contemporáneos, como Stranger Things. Le en-
cantó la primera temporada, aunque después la consideró ridícula porque los actores ya
no podían interpretar a niños. Aun así, encontraba en esa serie elementos del fantástico
literario traducidos al audiovisual. La Pampa siempre tenía curiosidad por lo nuevo. Su
forma de aprender de los más jóvenes, como un “pequeño vampiro” —como ella misma
decía—, la mantenía conectada con los cambios culturales. Esa retroalimentación entre
generaciones fue algo que siempre valoré. Nuestra relación fue una mezcla de amistad
y aprendizaje invaluable, mucho más signicativa que cualquier otra relación académica.
Tener maestras como ella es un regalo irreemplazable y todo lo que soy como investiga-
dor se lo debo a su guía y a su ejemplo.
Figura 11. Pampa junto a Ariel
Fuente: Cortesía del profesor Ariel Goméz Ponce